Cuando la buena vibra se siente en el ambiente

by | Bienestar, Blogs

La energía que innata que tiene la juventud es increíble. Puedes sentirla, en especial cuando hay muchos jóvenes juntos en un mismo espacio. La frecuencia vibratoria que tienen es suficiente para recargar las baterías emocionales de los adultos abrumados.

Hace unos días fui al Recinto Universitario de Mayagüez de la UPR con el propósito de llevar a mi ahijado quien tiene planes de estudiar en la institución en agosto próximo. Con mucha ilusión lo acompañé y durante el camino le compartí lo que fue mi experiencia universitaria  en Río Piedras hace más de 20 años y él escuchaba receptivo. El me expresó sus planes y sus expectativas de convertirse en joven universitario y lo escuché con mucha atención.

Cuando llegamos al recinto ya se sentía la vida universitaria en todo su apogeo post huracán María: jóvenes cruzaban el portón principal a pie, en patineta, en bicicleta y por supuesto en auto. No haces nada más que llegar y ya sientes una buena vibra en el aire.

Creo que yo era la adulta mayor de la gran mayoría de los que allí estaban. Unos caminando apresuradamente para su salón de clases, otros más despacio iban texteando o hablando por su celular. Lo que sí podía notarse es que querían estar allí y se lo disfrutaban.  

Mirando a mi alrededor, en un mediodía soleado, busqué un banco donde sentarme frente a la Biblioteca General mientras mi ahijado recibía una orientación.  Durante la espera quise mantenerme neutral para poder sentir el ambiente y mi alrededor. Entonces comencé a sentir como mi receptividad iba cambiando. Notaba que había tranquilidad y entusiasmo en el ambiente.  Los jóvenes tienen una frecuencia vibratoria tan alta que cuando se congregan en un mismo lugar su campo energético es gigante y tú puedes sentirlo. Esto es mi hipótesis, nada científico, solo una observación basada en la experiencia.

Esa sensación de alerta que sentí, de felicidad y de entusiasmo me hizo recordar las palabras de mi padre: “me siento con los muchachos  para que se me pegue la juventud”. Esa frase la escuchaba cuando yo era adolescente y ahora de adulta entiendo por qué. En aquellos años yo pensaba que se refería a que la piel rejuvenecía y se eliminaban las arrugas. Ahora entiendo que no se trata de un cambio en la apariencia física.

Se trata del entusiasmo, la vitalidad, la energía que transmiten. Es como tener un choque de energía positiva que te sube la estámina y en respuesta automática sale una sonrisa. Así me sentí.

Pienso que también su energía  tiene que ver con el propósito de estar en ese lugar: un campus de estudio, donde dedican horas diariamente por años para convertirse en profesionales  de provecho, con ideas, proyectos, ambiciones y sueños.

Creo que los adultos debemos buscar más a los jóvenes. Son una fuente de energía, vitalidad y entusiasmo capaz de borrar la tristeza y la depresión. Es regla de vida que  jóvenes aprenden de los adultos. Sin embargo,  es mucho lo que los universitarios tienen para dar a sus mayores: ideas nuevas, una visión de futuro distinta y la esperanza de hacer las cosas de manera diferente. Quizá eso es lo que los recarga de buena vibra.